Mis emociones

Mi vida está hecha de mil unas cosas, más apasionantes unas que otras.

Si me ocurre quejarme de no tener tiempo para mí, es solo por manía por que ni puedo concebir la vida sin actividades múltiples.

A mi me llena preparar una buena tarta de chocolate para mis hijos, que pintar un dormitorio, ayudar a mi marido en el huerto o arreglar un dobladillo para una amiga.

Donde me llaman, voy… y si no me llaman ¡voy también!

Los momentos los más intensos emocionalmente son, sin duda, los que compartimos con la cofradía del Nazareno de la cual mi querido marido es hermano mayor. No hay nada más que me guste como nuestras tradiciones andaluces.

Desde las procesiones devotas de la Semana Santa hasta los cubatas de la feria y las paellas gigantes del Rocío, no me canso de disfrutar de nuestro entorno cultural desenfadado. Reír, bailar, comer, compartir, disfrutar de un buen vino o rezar son tantos momentos de comunión con los míos que no dejaría pasar para nada del mundo.

Es mi vida, es mi libertad, es mi lujo y lo disfruto tanto cuanto pueda, bien rodeada e intentando trasmitir buenas vibraciones y compartir las mejores emociones.

 

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